
Pasa en todos lados que la vorágine de la vida moderna nos hace deambular mirando sin ver, a no ser que tengamos algo de fotógrafos o alguna formación en arte, o no tengamos nada que hacer que solo mirar (como yo en ese momento). Observando al río de gente que va y viene por calle Bandera, me di cuenta que casi nadie mira hacia arriba y todos caminan rápido ensimismados en sus pensamientos, cabeza gacha y muy serios. Que lastima me dio por un momento. Luego puse mi atención en el puente en altura que conecta dos edificios y me pareció que la composición era muy bonita. Ese puente cambia completamente la perspectiva y le da un toque de color y alegría a esa concurrida y contaminada calle.
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